A 20 años de la tragedia del Colegio Ecos: el viaje solidario a chaco que terminó cambiando la historia de la seguridad vial
A 20 años de la tragedia del Colegio Ecos, la memoria vuelve a El Paraisal, el paraje chaqueño donde durante años estudiantes de Buenos Aires realizaron actividades solidarias. Aquel vínculo con la comunidad educativa quedó marcado para siempre por el accidente ocurrido durante el regreso y dio paso a una historia de dolor, reclamos, justicia y una
Cada 8 de octubre, una historia que comenzó en una escuela rural chaqueña vuelve a instalarse en la memoria de miles de familias de todo el país. Este jueves se cumplen 20 años de la tragedia del Colegio Ecos, el siniestro vial ocurrido en la Ruta Nacional 11 cuando un grupo de estudiantes y docentes regresaba a Buenos Aires después de participar de actividades solidarias en la provincia del Chaco.
Pero para entender aquella tragedia hay que regresar primero a El Paraisal, un paraje rural chaqueño que desde mucho antes de aquella noche había construido un vínculo con el Colegio Ecos de Buenos Aires.
Desde 1994, estudiantes de esa institución apadrinaban la Escuela N.º 375 de El Paraisal. A lo largo de los años, los jóvenes viajaban hasta Chaco para colaborar con la comunidad educativa y desarrollar distintas actividades. En Buenos Aires, además, realizaban acciones para reunir recursos destinados a mejorar las condiciones de la escuela.
El proyecto incluyó obras y aportes para la institución chaqueña: la reconstrucción de la cocina, la instalación de una cocina a gas, la construcción de un comedor techado, la incorporación de computadoras y materiales para la biblioteca y la ludoteca, una perforación para obtener agua potable, mejoras en la huerta y distintos talleres destinados a los alumnos.
Así, entre los estudiantes porteños y la comunidad de El Paraisal se fue construyendo durante años un vínculo que excedía una visita ocasional. Era un proyecto solidario sostenido en el tiempo.
En octubre de 2006, una nueva delegación de alumnos, exalumnos, docentes y directivos del Colegio Ecos viajó nuevamente hasta Chaco.
La actividad solidaria terminó y llegó el momento de emprender el regreso hacia Buenos Aires.
La noche que cambió todo
El 8 de octubre de 2006, mientras el micro de la empresa Godoy circulaba por la Ruta Nacional 11, en jurisdicción de la localidad santafesina de Margarita, se produjo el choque frontal con un camión que avanzaba en sentido contrario.
El impacto fue devastador.
Murieron 12 personas: nueve estudiantes del Colegio Ecos, la docente Mariana Boyé y los dos ocupantes del camión, el conductor Ángel Ernesto Soto y su acompañante, Hugo Fabián Albrecht. Además, decenas de personas resultaron heridas. El siniestro ocurrió en el kilómetro 689 de la Ruta Nacional 11.
Las víctimas del Colegio Ecos fueron:
- Benjamín Bravo de la Serna
- Delfina Goldaracena
- Federico Ecker
- Justine Hartman
- Lucas Levin
- Julieta Giataganellis
- Daniela D'Agostino
- Nicolás Kohen
- Julieta Posilovich
- Mariana Boyé, docente
También fallecieron:
- Ángel Ernesto Soto, conductor del camión.
- Hugo Fabián Albrecht, acompañante.
La propia comunidad del Colegio Ecos mantiene esos nombres en su espacio oficial de memoria y recuerda que el viaje había sido realizado a la escuela de El Paraisal, que la institución apadrinaba desde 1994.
Un camión que circulaba de manera peligrosa
Desde las primeras investigaciones, uno de los principales elementos del caso fue el estado en el que se encontraba el conductor del camión.
Los análisis determinaron que Ángel Soto tenía 1,65 gramos de alcohol por litro de sangre, una concentración muy elevada. Además, distintos testimonios señalaron que el camión había circulado realizando maniobras peligrosas y en zigzag antes de producirse el choque.
La investigación también puso la mirada sobre la conducción del micro.
El chofer del colectivo era Oscar Eduardo Atamañuk, quien durante años sostuvo que había intentado esquivar al camión cuando este se cruzó hacia su carril.
La Justicia, sin embargo, terminó considerando que también existió responsabilidad de su parte.
Ese punto fue el que convirtió al caso en un largo proceso judicial que atravesó distintas instancias durante casi dos décadas.
Una causa judicial con idas y vueltas durante 17 años
Atamañuk fue juzgado por su responsabilidad en el siniestro.
En 2009, el juez Jorge Galbusera lo absolvió al considerar que no había pruebas suficientes para establecer que hubiera violado el deber de cuidado de los pasajeros. En aquel momento, el fallo sostuvo que el principal responsable había sido el conductor del camión, quien se encontraba alcoholizado y murió en el lugar.
La absolución fue apelada y posteriormente anulada, por lo que el proceso continuó.
En 2011, el juez Virgilio Palud condenó a Atamañuk a tres años de prisión en suspenso y siete años de inhabilitación para conducir. Sin embargo, esa sentencia fue posteriormente anulada debido a irregularidades procesales, entre ellas que el magistrado no había tomado declaración indagatoria al acusado.
El expediente volvió entonces a primera instancia.
En 2013, el juez Jorge Fernández dictó una nueva condena: dos años y seis meses de prisión de ejecución condicional y cinco años de inhabilitación para conducir por homicidio y lesiones culposas. La pena no implicaba prisión efectiva.
Pero la historia judicial todavía estaba lejos de terminar.
En 2014, la Justicia santafesina declaró prescripta la causa. La decisión fue cuestionada por la Fiscalía y por los familiares de las víctimas, que durante años habían reclamado que el expediente no quedara cerrado sin una resolución definitiva.
La Corte Suprema volvió a abrir el caso
En 2019, la Corte Suprema de Justicia de la Nación intervino en el expediente y dejó sin efecto la decisión que había declarado prescripta la causa.
El máximo tribunal entendió que correspondía dictar un nuevo pronunciamiento y ordenó que el expediente regresara a la Justicia santafesina.
Finalmente, en 2020, la Cámara de Apelaciones de Vera condenó nuevamente a Oscar Atamañuk a tres años de prisión de ejecución condicional y cinco años de inhabilitación especial para conducir, al considerarlo responsable de homicidio culposo múltiple.
El tribunal entendió que el conductor del micro pudo haber reducido la velocidad o tomado otras medidas al advertir la conducción peligrosa del camión.
En 2023, la Corte Suprema de Justicia de la Nación rechazó el último recurso presentado por la defensa. De esta manera, la condena quedó firme.
La causa había atravesado así casi dos décadas de absoluciones, condenas, anulaciones, recursos y discusiones sobre la prescripción.
Del dolor nació una lucha nacional por la seguridad vial
Mientras el expediente avanzaba en los tribunales, las familias de los estudiantes fallecidos decidieron transformar el dolor en una causa colectiva.
Así tomó fuerza Conduciendo a Conciencia, una organización que comenzó a trabajar en campañas de prevención y educación vial y que convirtió la tragedia del Colegio Ecos en un reclamo mucho más amplio: la necesidad de que la seguridad vial sea una verdadera política de Estado.
Los familiares comenzaron a reclamar controles más estrictos, mayor responsabilidad de los conductores, mejores condiciones de circulación y medidas destinadas a evitar que otras familias atravesaran una situación similar.
La lucha también consiguió instalar la tragedia en la agenda educativa nacional.
Por qué cada 8 de octubre se conmemora el Día del Estudiante Solidario
En 2007, el Consejo Federal de Educación incorporó el 8 de octubre como Día Nacional del Estudiante Solidario, en homenaje a los estudiantes y a la docente del Colegio Ecos que perdieron la vida cuando regresaban de realizar actividades solidarias en Chaco.
Desde entonces, la fecha adquirió un doble significado.
Por un lado, representa la memoria de quienes murieron en aquella tragedia.
Por otro, reivindica el compromiso social de miles de estudiantes que participan de proyectos solidarios en escuelas, barrios y comunidades de todo el país.
La fecha también quedó estrechamente vinculada a la seguridad vial y a la necesidad de recordar que muchas tragedias pueden evitarse mediante prevención, responsabilidad y controles.
Una canción para mantener viva la memoria
La historia también quedó ligada a la música.
Luis Alberto Spinetta y León Gieco se involucraron en los homenajes y en las campañas impulsadas por familiares y amigos de las víctimas. De esa participación surgió “8 de Octubre”, una canción cuya música fue compuesta por Spinetta y cuya letra estuvo a cargo de Gieco.
El tema se convirtió con el tiempo en una de las expresiones artísticas más asociadas a la memoria de la tragedia.
La relación de Spinetta con la historia tenía además un vínculo personal: su hija Vera había sido compañera de los estudiantes del Colegio Ecos.
Los recitales y homenajes realizados a lo largo de los años permitieron mantener vivo el recuerdo y, al mismo tiempo, continuar llevando el mensaje de prevención vial a nuevas generaciones.
El Paraisal, el lugar donde todo había comenzado
Dos décadas después, hay un lugar que permanece especialmente unido a esta historia: El Paraisal, en Chaco.
Antes de convertirse en una referencia inevitable de la tragedia, era el destino de un proyecto solidario construido durante más de una década entre estudiantes porteños y una comunidad rural chaqueña.
Los jóvenes que murieron aquel 8 de octubre no viajaban de vacaciones ni por un simple paseo escolar. Habían estado en Chaco realizando actividades destinadas a colaborar con una escuela rural con la que mantenían un vínculo desde 1994.
Por eso, la tragedia dejó una marca profunda también en la comunidad chaqueña.
La Escuela N.º 375 de El Paraisal, vinculada históricamente con el proyecto solidario del Colegio Ecos, pasó a ocupar un lugar central en la memoria de aquella historia.
Con el tiempo, la institución quedó asociada al nombre “Ecos Solidarios”, una denominación que mantiene presente aquel vínculo entre los estudiantes porteños y la comunidad chaqueña.
Veinte años después
Hoy, a 20 años de aquella tragedia, la historia del Colegio Ecos continúa atravesando generaciones.
Para las familias de las víctimas, el 8 de octubre es una fecha de memoria, pero también de reclamo.
Para quienes trabajan en seguridad vial, es un recordatorio de que detrás de cada siniestro existen personas, familias y proyectos de vida que pueden quedar destruidos en segundos.
Y para El Paraisal, aquella historia tiene un significado todavía más particular.
Porque todo comenzó allí.
En una escuela rural del Chaco que durante años recibió a jóvenes que llegaban desde Buenos Aires con la intención de ayudar, compartir y construir junto a una comunidad.
El regreso de aquel viaje terminó en una tragedia que conmocionó al país y que dio origen a una lucha nacional por la seguridad vial.
Pero el sentido original de aquel viaje no debería quedar perdido detrás del accidente.
Los estudiantes habían viajado para ser solidarios.
Y 20 años después, cada 8 de octubre, su memoria continúa recordando precisamente eso: que la solidaridad también puede convertirse en una forma de transformar la realidad.
El Día Nacional del Estudiante Solidario nació de una tragedia, pero mantiene vivo el motivo por el cual aquellos jóvenes habían llegado hasta Chaco: ayudar a otros.
Y en El Paraisal, donde comenzó aquella historia, ese recuerdo sigue teniendo un significado especial.




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